Y cuando ya eran las 4 de la madrugada y se dio cuenta que ni la puerta se había abierto, ni por ella había entrado la chica ni sus maletas, cuando no hubo un lo siento, ni un apasionado beso seguido de una apasionada noche, cuando asumió de que mañana no tendría a no una preciosa mujer, sino a LA preciosa mujer que más quería -y probablemente querrá- durmiendo a su lado, y que no se levantaría para hacerle un desayuno sopresa y ver su preciosa sonrisa al llevárselo a la cama, solo cuando por fin aceptó todo eso, fue capaz de, como si no pasase nada, cerrar el libro que estaba leyendo, apagar la luz y por fin conciliar el sueño.